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 DRONES PARA EL CORPUS DE GRANADA: UN ELECTICISMO QUE FUNCIONA GRANADA HOY

El espectáculo de avioncitos no tripulados con reivindicación de la Capitalidad antecede y emociona antes del encendido del ferial


Fernando Lara Jiménez, el vecino de La Chana al que le tocó por sorteo encender el ferial, pulsó el botón rojo, aún estaba todo el mundo emocionado. El espectáculo de drones, que empezó con retraso, aún tenía con el corazón en un puño a los granadinos. Figuras de la Feria, de Granada, y la reivindicación de la Capitalidad Cultural sobre el cielo en un show nunca visto en la ciudad, y que tiene pinta que ha venido para quedarse. Pasadas seis minutos la medianoche, seis minutos robados a la feria, los millones de puntos de luz del Real de Almanjáyar volvieron a resucitar el lugar. Como cada año.

Suaves arreboles dan paso a la que será la primera noche del Corpus. Ni tarde ni temprano, este año llega en su justo momento. Un centenar de granaínos se suben agradecidos a cada metro que pasa, después de unos días de incertidumbre. Empacados como sardinas van haciendo bromas en alta voz. “¡Qué a gusto vamos a la feria!”, exclama uno de los que por su altura son más afortunados y puede coger aire.

Al llegar se observa una infinita cadena de taxis para los que han podido ahorrarse el mal trago, aunque una decena de policías les impiden parar a la entrada del Real del Almanjáyar. “El bus olía un poco a sudor, tengo que decir”, se queja un joven. El conductor de la N5 se ha negado a parar y ha obligado a unas señoras a unirse a la fiesta. “No paraba para nada, ha venido directo aunque se quejaran”, afirman los del bus.

Desde las 21:00 horas hay avispados cogiendo sitio. Buscan las mejores vistas para disfrutar de los bailes que celebran la raíz que une a cada una de las florecillas que se asoman en la multitud. Y es que lo andaluz ahora es nuestro, de todo aquel que lo quiera celebrar. Y eso que es difícil de explicar la estética ecléctica que caracteriza este evento. De elegantes faldas, trajes y camisas a tirantes rasgados y bambas; los sones andaluces de algunas casetas con ritmos latinos y bajos que retumban, todo vale. Aunque sí predomina el gusto dominguero y los esperados estampados de lunares, especialmente en donde el flamenco invita a las primeras sevillanas.

Las casetas, con sus faldas arriba, revelan a los que se han atrevido al primer trago. Algún gallego se habrá extrañado con la milnoh, la de aquí, que se sirve al par que el rebujito. Entre las distintas melodías se añade a la confusa melodía el murmullo constante cocktail de lenguas, triste consecuencia de Babel.

En la caseta municipal, al cantante le han querido vender un boleto de Cruz Roja a gritos mientras amenizaba la velada con temazos de los ochenta. Alguno hay que se queja de los precios que se esperan para entrar a algunas casetas, se consuela con el refrán de la tierra, “olé salero, que más vale la gracia que el dinero”.

Entre casetas y columpios, como sólo se dicen en Granada, recuperan las fuerzas las familias con pequeñines. “Por cincuenta céntimos no te voy a dejar sin agua”, perdona un puestero a una madre que busca la justa moneda. Clemente ha sido también el clima, una suave brisa los hace olvidar el calor del mediodía. Los del divino tesoro ahorran fuerzas, que la noche es joven. Muchos se han acercado ya al caer el sol, ambicionando una tarde completita: fútbol y feria, fantasía.

En las atracciones, los adolescentes farmean aura mientras esperan su turno para ser acunados por los brazos de metal. “Todo el que prueba repite si el bolsillo se lo permite” viene a ser lo más decente que se escucha en los alrededores.

Según avanza la noche, se van congregando las distintas generaciones frente al portón principal, ninguno quiere perderse a las bailaoras. “Cómo me gusta el flamenco, esa fuerza femenina que dice que aquí estoy yo y de aquí no me quito, eso es poderío”, aprecia Isa, una sevillana en su primer Corpus.

También en las casetas hay camareros que no dan a basto. Estiman los participantes que son pocas manos para la gente que hay. Granada ha respondido con alegría a la fiesta y al mar de cabecitas que han acudido a la cita las iluminan los focos de las churrerías y el de la luna llena, que bendice con su presencia el flujo de los que se van uniendo.

A la vista del primer dron, la multitud estalla en vítores. Este espectáculo añade a la mezcla la alternativa a los tradicionales fuegos artificiales, una de las ventajas que las nuevas tecnologías presentan a los más sensibles a los ruidos.

Las máquinas voladoras han sorprendido a todos proyectándose por encima de los columpios en lugar del Portón. Una masa de gente se desplaza de la puerta atrás. “Rápido, que nos lo perdemos”. Colores chispeantes forman figuritas circenses. El público responde con “ohs y ahs” al caballito de tiovivo que se dibuja a galope en los cielos. La mayoría ha decidido disfrutarlo con sus propios ojos, pocos teléfonos se elevan para grabar la alegre coreografía, aún hay esperanza para esta sociedad que acoge con gusto los cambios del futuro sin perder lo que nos hace humanos, la ilusión por lo nuevo, lo bello y lo de siempre. Una familia francesa ha cogido el mejor sitio y los niños juegan a adivinar qué figura será la próxima en verse. Al formarse el logo de la Capitalidad Cultural 2031, todos aplauden y vitorean entusiasmados. El apoyo a la candidatura se deja sentir entre los presentes.

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