LA RINOSINUSITIS CRÓNICA CON POLIPOSIS NASAL, LA ENFERMEDAD QUE "SE CONFUNDE CON UN CATARRO MAL CURADO
LA VOZ DE LA SALUD
Además, al ser una enfermedad inflamatoria, es habitual que los pacientes también padezcan condiciones de la misma naturaleza, como el asma o la dermatitis atópica grave. «La poliposis nasosinusal es un subtipo de rinosinusitis crónica en la que la inflamación afecta a la nariz, a los senos paranasales y provoca el desarrollo de unas masas polipoideas, unos tumores benignos que afectan de forma muy importante a la respiración y, sobre todo, al olfato», expone el doctor Alfonso del Cuvillo, presidente de la Comisión de Rinología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Seorl-CCC).
«Todavía nos falta mucho por descubrir», añade la especialista respecto a la patología que explica su compañero. Se tienen algunos datos. Por ejemplo, que es más frecuente en hombres que en mujeres, en una proporción de 2 frente a 1, y a partir de los 40 años. «Hay algunas formas más juveniles, que aparecen en la treintena, pero la edad media de debut es a los 42 años», indica González. Se conoce, además, que a medida que la persona cumple años la enfermedad se agrava.
En la mayoría de los casos, la poliposis nasal está mediada por una inflamación de tipo 2, un mecanismo inmunológico en el que intervienen moléculas como las interleucinas IL-4, IL-5 e IL-13 y células como los eosinófilos. «La poliposis es un grado extremo de inflamación en la que toda la mucosa degenera y produce esas formaciones, aunque hay rinosinusitis crónicas que no la desarrollan», destaca Del Cuvillo. Este subtipo es, además, el más persistente y el que presenta peor respuesta a los tratamientos convencionales.
La causa todavía es desconocida, aunque los avances en biología molecular de los últimos años han permitido comprender mejor la patogenia de la enfermedad. Así, ya se puede decir que es multifactorial y que la alergia es una variable importante. «Se ha identificado que la inflamación tipo 2, vinculada al tipo de vida occidental, con importante exposición a contaminantes e irritantes, provoca una alteración en las mucosas respiratorias, generando inflamación crónica», destaca la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabella y Cuello (Seorl CCC) en un documento, en el que también revelan que los factores genéticos tienen un papel de peso.
Un diagnóstico temprano es esencial. Sin embargo, no siempre sucede. «La poliposis se confunde con un catarro mal curado», señala la doctora, quien destaca que esto puede explicar el retraso en el diagnóstico. Este se basa en la historia clínica y en una exploración: se suele hacer una endoscopia nasal, y también se pueden solicitar otras pruebas como una olfatometría o una rinometría acústica. En algunos casos, incluso, puede ser necesario realizar una tomografía computarizada, una prueba de imagen que facilita el estudio de la anatomía de las fosas nasales, la ocupación de los senos paranasales y la presencia de complicaciones.
«El paciente suele acudir por síntomas como la dificultad para respirar por la nariz, la pérdida de olfato, la mucosidad que cae por la garganta, que es más espesa y, en ocasiones, por dolores de cabeza en la parte anterior de la cara», señala el presidente de comisión de la Seorl-CCC. Más allá de que se confunda con un resfriado, el problema «es que se prolonga más allá de doce semanas», añade.
El despistaje de esta patología se suele hacer en el médico de familia. Precisamente, en esta parte de la sanidad, es en la que le gustaría incidir. «Lo ideal sería que la identificación de la enfermedad se produjese antes, porque la enfermedad tiene diferentes formas de tratar y si la cogemos al principio, con poca afectación, es probable que los tratamientos más básicos puedan mantener una estabilidad en la enfermedad», señala la doctora Rodríguez. Es decir, si bien la enfermedad no se cura, sí se puede ofrecer una mejor calidad de vida al afectado.
En este sentido, la poliposis se caracteriza porque, en el 90 % de los casos, hay una obstrucción nasal persistente y hasta en el 70 % hay una alteración del olfato, «ya no solo es que no respires bien, sino que poco a poco vas perdiendo la capacidad de oler». «Por eso, el médico de cabecera, ante estos síntomas, debería sospechar», apunta la especialista del hospital vigués.
No es de extrañar que los síntomas físicos tengan consecuencias mentales. La patología, y todo su amplio abanico de síntomas que, si no se controlan, conducen a trastornos del sueño —presente en el 90 % de los casos según estimaciones—, fatiga crónica y dificultades a la hora de interactuar social y laboralmente. «Es como tener el peor resfriado de todos. Una persona sabe que en siete o diez días se le pasará, pero a estos pacientes, les dura para siempre y les irá a peor si no le ponen tratamiento», cuenta la doctora, que resume la situación que atraviesan sus pacientes: «No descansas, no respiras, no comes. Los placeres y las necesidades básicas de cualquier persona están alteradas en este grupo de pacientes», reconoce.
Así, la factura de esta condición es inevitable. El olfato, cuenta la otorrinolaringóloga, tiene una enorme importancia desde dos puntos de vista, pese a estar muy infravalorado. «Uno es la alerta del peligro. Si no hueles, hay situaciones de riesgo que eres incapaz de identificar. Y dos, la emotividad que te produce rememorar recuerdos con el olfato», explica la doctora. Los pacientes con poliposis no pueden disfrutar de todo esto. De hecho, todo lo contrario. «No dormir, no oler, que no te sepa la comida, la mucosidad, estar dando una charla y tener que sonarte todo el rato, y a todo esto se añade la frustración de que nadie sabe lo que te pasa, la falta de descanso. El paciente se aísla poco a poco», lamenta la especialista.
Tratamiento presente y nuevas líneas
El tratamiento comienza con un abordaje basado en corticoides intranasales, con sprays. Con todo, esta solución no siempre surte efecto. Existen pacientes que, o bien no responden a ellos, o bien con el tiempo generan una resistencia. En este punto, se suele dar el salto a los corticoides orales, o incluso, se valora la posibilidad de realizar una intervención quirúrgica. En concreto, una cirugía endoscópica nasal, que permita eliminar los pólipos. La mala noticia es que las recaídas son frecuentes.
Precisamente, por ello, en los últimos años, la llegada de terapias biológicas —como dupilumab, omalizumab o mepolizumab, aprobadas por organismos como el NICE— pueden revolucionar el tratamiento de los pacientes más graves, ya que actúan directamente sobre los mecanismos inmunológicos detrás de la enfermedad. Estos medicamentos están producidos a partir del material genéticos de seres vivos. Por ejemplo, los conocidos anticuerpos monoclonales son proteínas artificiales que funcionan como anticuerpos humanos en las defensas de la persona y atacan células concretas contra las que están diseñadas.
Comentarios
Publicar un comentario