LA PIEL DE NUESTROS CENTENARIOS, EL MEJOR EJEMPLO DE LONGEVIDAD CUTANEA SALUDABLE: "ERA FRECUENTE QUE SE PROTEGIESEN DEL SOL LA VOZ DE LA SALUD
Además de la dieta atlántica, han influido otros factores como evitar el sol directo y una buena hidratación
«Es cierto que el fenómeno es desigual en la geografía gallega, más acentuado en el interior, en lo que se ha llamado polígono de alta longevidad. En esa área hay al menos diez comarcas que superan proporciones de cien centenarios por cada cien mil habitantes, lo cual mejora las cifras de casi todas las zonas azules», explica el experto.
Galicia estuvo a punto de entrar, pero no lo hizo. «La fórmula de Michel Poulain —investigador principal de estas zonas— está muy bien para muchas zonas azules, pero no es adecuada para las regiones de amplio flujo emigratorio, como nuestra comunidad autónoma, donde casi un tercio de la gente emigró, refiriéndonos a la Generación Longeva Gallega, la generación nacida entre 1920 y 1950», sostiene. Un número que no se tiene en cuenta en la ecuación de Poulain. Además, el hecho de no haber accedido a la denominación de zona azul carece hoy de todo interés. «En primer lugar porque la marca blue zone responde, a día de hoy, más a intereses comerciales que científicos o demográficos. Y en segundo lugar porque la longevidad en la mayoría de las zonas azules está en declive».
Entre los factores que explican este alto porcentaje de centenarios en Galicia se encuentran la dieta atlántica tradicional —en la que predominan los productos frescos como pescado, frutas y verduras, y muy pocos ultraprocesados— y además, en palabras de Fernández, hipocalórica. «Se daba una cierta restricción dietética. Se suma el ejercicio físico diario, no muy intenso pero sí continuado, horarios de sueño especiales y el factor de más peso en la longevidad: la cultura». De ahí que es posible que esas circunstancias no vuelvan a darse y que, por lo tanto, no vuelva a existir ese porcentaje de centenarios en Galicia. «Si se puede llegar a dar de nuevo o no es la pregunta del millón. La parte positiva es que estamos evolucionando a velocidades agigantadas por la atención sociosanitaria que tenemos a día de hoy. Por lo tanto, hay esperanza», confiesa el investigador.
La piel de nuestros centenarios
Almudena Nuño, dermatóloga del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (Gedet), explica que el concepto de longevidad cutánea no debería perseguir que una piel parezca más joven de lo que es, sino que conserve durante más tiempo su estructura, su función y su capacidad de regeneración. «La edad que pone en nuestro DNI es la cronológica, pero luego hay una edad biológica, la de nuestras células. Si llevamos un estilo de vida saludable, normalmente se relaciona con más juventud y viceversa». La especialista comenta que existen estudios en los que se demuestra que aquellas personas que parecen más jóvenes por fuera, también padecen menos enfermedades asociadas a la edad, «como la osteoporosis, diabetes, sordera o cataratas», ejemplifica.
La frase «la piel es el reflejo del alma» cuenta, por lo tanto, con evidencia científica. Al igual que se sabe que existen factores que pueden acelerar el envejecimiento de nuestra piel. Además de los tóxicos, como el consumo de tabaco o el alcohol, también influye la contaminación ambiental y la exposición solar. Estos tres factores «favorecen la aparición de arrugas prematuras; son más profundas, en las que parece que la piel se engruesa y son diferentes a las que suelen aparecer con el envejecimiento fisiológico, que son más finas».
Curiosamente, en Galicia existía, en palabras de Fernández, una tradición de mayor protección solar. «Sin conocer la existencia del cáncer de piel, era frecuente que la generación longeva se ocultase del sol, porque lo consideraba una fuente de enfermedad. Aunque también tenga su gran parte de fuente de salud». Tendían a llevar pañoletas y la mayor parte del cuerpo cubierta. «Quizá exceptuando la cara, que no se cubría, por lo que en el rostro sí que era frecuente ver caras con surcos y arrugas propias del envejecimiento acelerado por una exposición solar», apunta Fernández. La costumbre de tomar el sol llegó más tarde. «Inicialmente se consideró urbana o burguesa, la población rural no se exponía al sol para broncearse», amplía.
También se puede añadir otro factor: la hidratación. «La ingesta de líquidos era muy alta en nuestra población porque el plato principal era el caldo. Se tomaba al desayuno, al mediodía y de noche. Su contenido es sobre todo líquido y era una forma de alimentación e hidratación», indica el investigador.
Nuño considera que se está dando un cambio de mentalidad: del antiaging, término tan utilizado en dermatología, a la longevidad cutánea saludable. «No se trata de luchar contra el paso del tiempo, sino de conseguir que nuestra piel envejezca de la mejor manera posible. Y esto implica personalizar mucho más los tratamientos. No todas las pieles necesitan lo mismo ni debemos tratar una piel de 40 años como si tuviera que parecer una piel de 25. Además, como hemos mencionado la prevención ocupa un lugar clave», concluye.
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