* EL AVISO DE LOS QUE ESTUDIAN LA FERIA DE SEVILLA: CRECER SIN MEDIDA PUEDE DESVITUAR EL MODELO SEVILLANO *
DIARIO DE SEVILLA
En la recta final hacia la Feria de Abril, la conversación sobre su evolución vuelve a situarse en el centro del debate cultural y social de la ciudad. Más allá de la actualidad inmediata, la reflexión de quienes observan la Feria desde la literatura, la historia, la sociología o el propio análisis del rito festivo apunta a una cuestión de fondo cada vez más recurrente. ¿Hasta dónde puede crecer la Feria de Abril sin perder su identidad?
Esa pregunta está muy presente en el análisis del médico con vocación historicista Antonio García del Moral, uno de los coordinadores de la revista Cuaderno de primavera, editada por el grupo Animus Iocandi. Un proyecto colectivo integrado por escritores, investigadores y teóricos de la Feria de Sevilla, que ha presentado esta semana su cuarto número, en un encuentro en el que han participado varios de sus miembros con perfiles diversos, y que en los últimos años se ha consolidado como espacio de estudio y divulgación sobre su historia y evolución.
El interrogante atraviesa también las discusiones sobre la ampliación del recinto, el equilibrio entre casetas públicas y privadas y la creciente presión del turismo, que se entrelazan con una preocupación común: la necesidad de preservar un modelo que, pese a sus transformaciones, sigue sosteniéndose sobre la convivencia, la comunicación y el tejido social que representan sus casetas.
En este línea, García del Moral reconoce que la reciente incorporación de una nueva calle puede parecer "anecdótica" dentro de una transformación mayor, pero la considera un movimiento "necesario" desde el punto de vista "de la seguridad, la logística y la evacuación del recinto". Ahondando en la ampliación global del recinto ferial, el historiador de la fiesta considera que, de materializarse, supondría "la primera decisión de calado que se adopta sobre el futuro de la Feria y que se hace pensando en los sevillanos", rechazando que este fuera el objetivo de otros cambios como el de los días canónicos o la mayor duración de la fiesta.
Desde esa perspectiva, el crecimiento físico del recinto, la posible ampliación y la configuración de nuevas tipologías de casetas no se leen únicamente como decisiones urbanísticas o logísticas, sino como parte de una discusión más amplia sobre el modelo de Feria. Un modelo que, para buena parte de los analistas y estudiosos, solo puede entenderse desde su equilibrio histórico entre lo privado y lo colectivo, entre lo familiar y lo compartido, entre la tradición y su inevitable adaptación a una ciudad en transformación. "Si el modelo se desplaza hacia otro tipo de estructuras, estaremos hablando de otra cosa, pero no de la Feria de Sevilla", advierte, comparando ese posible escenario con otros modelos feriales andaluces, como los de Córdoba o Málaga.
En este punto, uno de los ejes más sensibles del debate es el papel de las casetas públicas. Su existencia, recuerda García del Moral, no es nueva en la historia de la Feria, pero su crecimiento "debe mantenerse en proporción para no alterar el equilibrio entre lo familiar, lo asociativo y lo colectivo que ha caracterizado históricamente el recinto", admite.
Más controvertida aún es la idea de las llamadas casetas de turistas, que el historiador rechaza por considerar que desvirtúan la lógica participativa de la fiesta. Ahí su diagnóstico es tajante. "Es un oxímoron", afirma, al considerar que desvirtúan la esencia participativa de la feria sevillana. En su opinión, se trata de "un formato que se aproxima más a la escenificación que a la experiencia vivida, y que introduce una tensión directa con la esencia de la feria como espacio social compartido".
En ese contexto, se recuerda incluso una experiencia puntual que marcó un precedente reciente. En la edición de 2019, el Ayuntamiento impulsó por primera vez una caseta específicamente destinada a la recepción de turistas, ubicada en Pascual Márquez 225. Aquella iniciativa, que apenas se mantuvo una única edición, contó con más de 40.000 invitaciones distribuidas a través de hoteles y entidades turísticas de la ciudad, e incorporó actuaciones musicales, servicio de catering y personal de asistencia multilingüe para información turística. Una propuesta concebida como ventana de acceso al real, pero que abrió también el debate sobre los límites entre la experiencia local y su puesta en escena.
En ese equilibrio entre tradición y adaptación se inscribe también el propio proyecto de Cuaderno de primavera, que nació de forma casi espontánea en el entorno de una caseta y que hoy se ha convertido en una publicación consolidada gracias al trabajo colectivo de Animus Iocandi y al apoyo de entidades como la Asociación de Titulares de Casetas de la Feria de Abril (Atica).
La publicación refuerza en esta edición su apuesta por el análisis documental y literario de la fiesta, con artículos originales de investigación, materiales de archivo, hemeroteca e ilustraciones que reconstruyen distintas etapas de su historia. Según subraya García del Moral, todos los textos son inéditos y elaborados específicamente para este número, que define como el más completo hasta la fecha por extensión y contenido, con colaboraciones de autores como Paco Álvarez y Antonio Zoido.
Entre las aportaciones más singulares figura un artículo sobre inteligencia artificial firmado por el integrante más joven del colectivo, que introduce una aproximación inicial al uso de estas tecnologías en la gestión de la feria y sus posibles tensiones con la normativa europea en materia de privacidad y derechos individuales.
"Todo esto se hace sin cobrar, por amor a la feria", resume García del Moral, al describir un proyecto que combina investigación, divulgación y convivencia en torno a un mismo objeto de estudio. Una fórmula que, en cierto modo, replica el propio espíritu de la fiesta que analiza: una ciudad que se reúne, debate y se celebra a sí misma mientras redefine, año tras año, su propio equilibrio.

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