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EL 90% DE LA POBLACIÓN DE MÁLAGA VIVE EN ZONAS CON ISLAS DE COLOR

MÁLAGA HOY

Carretera de Cádiz, Cruz de Humilladero o Palma-Palmilla son los distritos que más sufren este efecto

Expertos advierten de que hay una brecha, vinculada a la renta, en la distribución de los árboles en la ciudad

Refugios climáticos en Málaga: estos son los puntos frescos donde protegerse del calor en la ciudad



 El año pasado Málaga registró el verano más caluroso de su historia. El peor desde 1961, cuando comenzaron las estadísticas de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), con dos grados por encima de lo normal. Cada vez hay más noches tropicales, incluso ecuatoriales, y las olas de calor son más agresivas. Hablar de temperaturas récord está dejando de ser la excepción para convertirse en la norma, y en esta normalidad, el efecto de las islas de calor tiene mucho que ver, porque se ha comprobado que las ciudades, por su propia configuración, generan una especie de microclima en el que las temperaturas son significativamente más altas que en su entorno natural más próximo. Este efecto se potencia en aquellas zonas en las que las que hay pocos árboles, escasa densidad de vegetación y, además, una elevada concentración de población.

Para hacer el concepto más visible, los expertos utilizan la llamada regla 3-30-300. Esta dice que para alejarse de esas islas de calor, una persona tiene que poder ver tres árboles desde su ventana; tener un 30% de su entorno arbolado, y disponer de un parque de una extensión forestal a menos de 300 metros de su vivienda. En base a esto, el profesor titular del departamento de Botánica y Fisiología Vegetal de la UMA y director de la Cátedra de Cambio Climático, calcula que en Málaga “no hay más del 7% de la población que goce de todo eso”. Es decir, el espacio vital de más del 90% de los malagueños no cumple con esa regla, lo que quiere decir que nueve de cada diez malagueños vive en zonas con islas de calor.

Salvo Tierra explica que “toda actividad humana en la ciudad genera calor”. Desde los aires acondicionados que expulsan aire caliente a la calle, hasta los coches, el asfalto, el hormigón, e incluso el propio caminar de la gente. El resultado es que, según precisa, que la diferencia entre el interior de la ciudad y el exterior –los ecosistemas naturales circundantes–, puede ser de entre cinco o seis grados.

Es lo que el investigador Ángel Ruiz Valero describe como un “efecto burbuja”. “Donde hay menos densidad de vegetación, más edificios y más superficie impermeable es donde más incremento de la temperatura del aire se va a observar”, subraya, incidiendo en que “es la temperatura del aire lo que más afecta al confort térmico y la habitabilidad de los entornos urbanos”. Respecto a las islas de calor, señala que estas “son íntimamente dependientes de la cantidad de árboles, de su porte y de su copa”.

En este punto, el director de la Cátedra de Cambio Climático advierte de que “a partir de 300.000 habitantes, las ciudades empiezan a tener islas de calor potentes” –Málaga capital supera ya los 600.000–. “Estamos comparando con las 60 ciudades de más habitantes, y observamos que donde menos se cumple la justicia ambiental es en Málaga”, afirma Salvo Tierra, que recuerda los consecuentes efectos nocivos sobre la salud.

En el caso concreto de la capital malagueña, los expertos señalan que no hay exclusivamente una isla de calor que lo envuelva todo, sino que, en realidad, se trata de “un archipiélago de pequeñas islas de calor que se distribuyen por toda la ciudad dependiendo de si hay más arbolado urbano o menos”. En esa distribución, a la que llaman “justicia ambiental”, no hay homogeneidad, sino más bien, una brecha social. Así lo plasmaron ambos investigadores –junto al también profesor de la UMA Jaime Pereña– en un estudio reciente en el que comprobaron que la distribución del arbolado va por barrios: “Hay una clara diferencia entre la Málaga Este, donde vinculado a rentas per cápita más elevadas, nos encontramos con una mayor cantidad de árboles con un efecto de refrigeración muy alto, mientras que en la zona oeste, con rentas más bajas, lo que hay es un calentamiento muy superior debido, en parte, a la carencia de zonas verdes que logren de forma efectiva ese enfriamiento”.

Los puntos en los que los mapas térmicos pintan las más manchas rojas están en los barrios con más densidad de población. Áreas como Carretera de Cádiz, Cruz de Humilladero, Palma-Palmilla, la zona al norte de la avenida de Velázquez y, por supuesto, los polígonos industriales que, en palabras de Salvo Tierra, funcionan como “una caldera”. En el otro extremo, el Limonar es el que mejor parado sale.

Frente a esas islas de calor, Ruiz Valero dice que hay que ver a la vegetación como “solución”. En esa tarea, explica que lo importante es “una buena gestión de la poda” y elegir bien las especies. “Cualquier árbol que tenga una copa densa y follaje es un buen aliado contra el efecto de las islas de calor”, sostiene, mientras que las palmeras que abundan en la ciudad “no aportan nada, son un mero elemento paisajístico”.

Precisamente para combatir el calor, el Área de Sostenibilidad Medioambiental del Ayuntamiento de Málaga ha creado una guía para dar a conocer la red pública de refugios climáticos, zonas de confort climático que los ciudadanos tienen a su disposición de forma gratuita para resguardarse del calor, y que actualmente está formada por cerca de un centenar de espacios tanto al aire libre como en el interior de inmuebles públicos.

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